Conversar, discutir, callar

Es importante aprender a conversar. Conversar no es discutir. Discutir no es ni malo ni bueno. Discutir es un ejercicio. Conversar es el arte. Pero lo verdaderamente difícil es saber discernir entre conversar, discutir, callar.

Con el tiempo he comprendido que es mucho mejor dejar que la gente diga lo que tenga que decir, aunque resulte tedioso, aburrido y contradictorio. Incluso provocador.

Se gasta más energía entrando en discusiones estériles que no llevan a ningún sitio que pasando de ellas. He aprendido que es mejor leer y escuchar la cantidad de tonterías que se pueden llegar a expresar, y luego reírse de ellas sin que nadie se entere. Eso anima más el alma y el espíritu que ir por la vida tratando de defender posiciones. Aunque del otro lado, tengamos al peor troglodita de la historia.

Estoy preparada para escuchar aún más tonterías porque estoy convencida que el peor argumento y la peor opinión aún no se han dicho.

He aprendido que mientras más se hable desde un arraigo nacionalista que divide el discurso entre nosotros y los otros, más riesgo existe de caer en la trampa de la visión sesgada, altanera y prejuiciosa.

Los prejuicios y las etiquetas ensucian la conversación

Hay tantas etiquetas en el mundo sobre los grupos y las personas de tal o cual lugar o estilo, que de resultar divertido como broma entre iguales, termina siendo paradójicamente ridículo, y hasta peligroso, cuando el poder de etiquetar y por ello de decidir sobre el destino de esos grupos recae en personas resentidas, enfermas o desalmadas.

Igual resulta cada vez que, para intercambiar ideas, las personas necesiten escudarse detrás de un disfraz, un alias, o un grupo de contención o identitario. Es cada vez más difícil poder distinguir y respetar posiciones racionales en un mundo cada vez más irracional.

No pretendo un mundo sin conflictos discursivos. Ojalá la palabra y las conversaciones sean lo último que se pierda o lo único que nos quede.

Después de todo, qué somos sin pensamiento y sin el lenguaje hablado y escrito.

Digo, entonces, que es mejor dejar ir ciertas cosas, al intercambiar ideas entre personas. Dejar expresarse y leer y reír, reír a carcajadas de las cosas que uno lee o escucha. Cada vez que se pueda y cada vez que se deba.

La vida resulta más divertida cuando la gente dice que sí, pero, a veces, resulta muy aburrida cuando no dice nada.

Probando nuevas experiencias: la hipnosis

La semana pasada estuve contándole mi vida a una extraña con título de terapeuta experta en hipnosis regresiva, que sólo me miraba desde su sofá de una sala de networking. Yo, recostada en un cómodo semi diván, con las manos y pies extendidos, hablaba como si se me acabara la vida, o la voz, simplemente la voz.

Nací y me crié en un país donde decir que te psicoanalizas es estar cuerdo. Tal vez por eso, tengo cierta tendencia a buscar explicaciones y respuestas a los “misterios de la vida”. Sin embargo, he de decir que tengo mucho cuidado a la hora de elegir estas experiencias de diván. Me las tomo muy responsablemente pero también un poco como un juego. Aprendo, experimento y me entretengo.

Pero he visto cómo, en mi país natal, personas de la talla de Paulo Coelho, Jorge Bucay y Pilar Sordo venden tantos libros. Tal es el éxito de esta última que hasta se ha mudado y se ha instalado en el Río de la Plata, lo cual no sólo confirma mi presunción, sino aquel refrán que reza: “Nadie es profeta en su tierra”.

Tal vez por esta cultura de querer explicarlo todo, es que de un tiempo a esta parte estaba buscando nuevas técnicas de conocimiento personal y entrenamiento de la mente. Entonces lo primero que hice fue apuntarme a clases de yoga para embarazadas. Luego de parir, lo segundo que hice fue ponerme a escribir de manera regular, pues escribir siempre escribo. Me abrí un nuevo blog, dejando los anteriores haciendo la plancha en el mar digital de vaya saber dónde. Un blog o un diario personal, es una excelente manera de poner las ideas claras y a trabajar.

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A raíz de interacciones que he tenido con colegas en esto de la escritura, he descubierto una gran necesidad de la gente por encontrar respuestas. No es difícil darse cuenta de la cantidad de nuevos negocios ofrecidos a través de neologismos como coach, mindful y otras palabras por el estilo con marketing incluido. No digo que no haya buenos, que los hay, pero hay que tener ojo con estos, que para oportunidad la perdida.

Así que decidí salir a probar una nueva tendencia de estas. Un amigo me comentó que estaba trabajando con una terapeuta experta en regresiones del tipo Hipnosis Clínica. Siempre me ha fascinado el tema de los vericuetos de la mente, sobre todo por la manera que nos permiten contar historias. Al fin y al cabo, todos estamos un poco locos. Qué sería de la literatura sin estos personajes, mitad reales, mitad ficticios. Sedienta por investigar y conocer, me pedí una cita.

La Hipnosis es una técnica terapeútica, donde el paciente cuenta su historia al analista y luego es llevado a un estado de total relajación, siempre en estado consciente, pero utilizando visualizaciones, respiración pausada, emociones, y otras técnicas de relajación.

Sólo he ido a una sesión, y aunque la experiencia me haya resultado provechosa desde el punto de vista de salir de allí muy relajada, me estoy pensando lo de repetir. La verdad no estoy del todo segura que haya logrado el estado de hipnosis real. El principal problema es que no soy capaz de hacer las visualizaciones sugeridas sobre lugares de la naturaleza, porque no consigo elegir una sola entre todas las que me gustan, lo quiero todo: el mar, la montaña, el arroyo manso, el bosque.

Como resultado, terminé visualizando un collage un poco extraño de mar manso como arroyo, con montaña en lugar de costa, y árboles dentro del mar. Un poco como la vida misma, la mía. Aunque reconozco que sí logré el estado de relajación profunda, algo que por otra parte lo lograba también con el yoga.

De todas maneras, creo que es una buena técnica para toda persona que busque respuestas a comportamientos o emociones que a veces no puede explicar de manera satisfactoria. También puede ser interesante para ordenar las ideas, los sentimientos y las expectativas respecto de una misma, y de sus posibilidades, sobre todo si tienes una vida llena de ideas y proyectos en tu mente que no callan. Ese es mi caso, mi mente emprendedora me habla todo el tiempo. Si lograré o no lo buscado, esa es otra historia que deberé de contar en otro post, para lo cual tendría que seguir con mis sesiones. O no…ya veremos si vale la pena.

Ellas en bici

Comienzo este primer post de la sección “estilos de vida/ mujeres en bici” en ocasión de una efemérides. O mejor dicho dos.

El mes de abril es el mes de la bicicleta y además se celebra el día mundial de la tierra.

La historia de la conmemoración de la bici tiene poco que ver con pedales, se trata más bien de una anécdota. Un 19 de abril de 1943, Albert Hoffman, el inventor del LSD, salió a andar en bicicleta para probar el alcance de su invento. Una historia que por fortuna se impuso la bici. Desde entonces, cada año se realizan eventos y actividades destinadas a celebrar y promover el uso y los beneficios de la bicicleta, convocados por distintos grupos de personas y organizaciones de ciclistas.

Muchos de estos movimientos urbanos son liderados por mujeres.

La relación de las mujeres con la bici ha ido evolucionando desde su comienzo a fines del siglo XIX hasta el presente, donde la proporción de mujeres ciclistas en relación a los varones va en aumento en las grandes ciudades latinoamericanas como Santiago, México DF o Buenos Aires. También, por suerte, en otras ciudades del mundo.

Sólo en Santiago, se estima que más del 30% de ciclistas son mujeres* . Aunque en relación a la media mundial (20%) este número represente un avance, aún hay grandes diferencias con los países de mayor usuarias de bicicletas. (Más de un 45% en países como Dinamarca y Alemania**)

El cambio se debe en gran parte al trabajo realizado por organizaciones que promueven el uso de la bicicleta, y a los movimientos de mujeres tales como mujeres en bici, que tiene lugar en muchas ciudades del continente, y la Asociación Macletas en Chile. Sin embargo, aún adolece de mejores infraestructuras y de condiciones más seguras especialmente para las mujeres, como las que cuentan los países donde su uso está más generalizado, y sobre todo de una mayor concientización del uso y del respeto por la bicicleta como medio de transporte en la ciudad.

Si bien, como dijera Susan Brownell Anthony, “la bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa”, queda mucho por hacer todavía, no sólo en la emancipación de la mujer sino también en la emancipación del uso generalizado de la bici por todas las mujeres que deseen moverse en ese medio de transporte de manera habitual, no sólo como deporte.

Cambia el escenario de una ciudad, cuando cada vez hay más mujeres de todas las edades rodando cotidianamente, que se animan a ir al trabajo en sus bicicletas, a la universidad, a un evento, a pasear, a hacer las compras.

Actualmente, la mujer y la bici son protagonistas de un cambio y emancipación de otro tipo. Hay una nueva generación de mujeres experimentando una nueva libertad, un nuevo estilo de vida más libre y más sano gracias al uso de la bicicleta como medio de transporte. Ojalá cada día seamos más.

* Informe técnico de UyT, Chile: http://www.uyt.cl/
** Infografía publicada en Diario en Bici, consultado 22-04-2014: http://diarioenbici.com/porcentaje-de-mujeres-que-viajan-en-bici/

Té de Manzanilla y el amor después del amor

En conversaciones digitales sobre el amor y el apego con una de mis amigas esparcidas por el mundo, he descubierto una gran realidad descripta en una frase que ella misma pronunció y que resumo de la siguiente forma: “Las mujeres en el feminismo hemos ganado mucho pero con la sensación de que nos hemos quedado muy solas”

En muchas mujeres, lamentablemente, existe una sensación de que a veces, cuando las cosas no funcionan con los hombres, es porque no los dejamos ser «hombres». Porque nos hemos encargado tanto de nosotras mismas, que hasta los hemos ahuyentado y al final nos cargamos la relación. (Por mi culpa, por mi gran culpa 😛 )

Mujeres empoderadas, abrazadas a la vida con pasión, traspasando fronteras y sorteando uno a uno los obstáculos profesionales y personales que, en muchos contextos, sólo por el hecho de ser mujer, se acrecientan o se vuelven más difíciles de superar.

Sin embargo, nos hemos encargado de brillar, de ser, de alcanzar, incluso cuando eso signifique que todavía tenemos que disculparnos por no ser como se supone que deberíamos ser, sólo como estrategia para que nos dejen continuar con lo nuestro.

¿Tenemos las culpa de brillar de más?
En absoluto. Cada quien es dueño de su propio brillo, cada quien se ocupa de su propio desarrollo y estima. El amor, la relación de pareja, incluso de amistades, es un bálsamo de dulzura y contención que puede hacerte la vida más fácil o entretenida, pero en absoluto una garantía de ello, ni mucho menos la manera de escapar de uno mismo para ser dos.

Las personas necesitamos poder estar a solas con la única persona que nos conoce, nos entiende y nos perdona. Nosotras mismas. Pero también y fundamentalmente necesitamos a otras personas. En el caso de las mujeres, aunque seamos fuertes, empoderadas y muy independientes, necesitamos de nuestro aquelarre, nuestras amigas, o las mujeres de nuestra vida.

Es verdad que en la búsqueda de soluciones reparadoras para nuestros estados mentales, en ocasiones eufóricos, otras desolados, preferimos muchas veces replegarnos en nuestros cuartos, nuestra intimidad, sin sospechar siquiera que allí fuera otras mujeres tienen el potencial de poder ayudarte, sacarte, incluso confesar que también están solas, temerosas o con ganas de huir.

La empatía, esa capacidad de poder ponerse en lugar del otro, y desde esa capacidad, lograr el encuentro, la comprensión y el diálogo, es una habilidad que no se enseña en las escuelas. Pero por suerte, es una habilidad que se desarrolla, siempre que exista el ánimo de abrir el corazón a las personas, pensando en dar antes que recibir.

Tenemos que aprender a ser más empáticas entre nosotras mismas, a abandonar la mala imagen de que no somos amigas, sino enemigas, que no cooperamos, sino competimos. Ser una mujer empoderada tiene su precio, es cierto, pagamos un alto costo siendo rebeldes, pero es gratificante poder vivirlo y sentirlo de ese modo.

El amor después del amor
borron
Mi amiga me relató la experiencia que vivió en “el amor después del amor”. Su ex le había traído de regalo de despedida un té de manzanilla. Abrió la caja de las sorpresas y también encontró otros presentes, ninguno en relación a ella, ni simbólicamente descriptivo de un pasado juntos, de agradecimiento por los años, ni en palabras, ni en gestos, ni en regalos. Un té de manzanilla como diciendo: que te sea leve, que te cures pronto y que te calmes. A partir de ahora seremos amigos.

¿Seremos amigos? Eso es lo que te crees tú. Habrá pensado mi amiga.

Cuando hubo dejado atrás todo lo que ya no le pertenecía, cuando limpió a fuerza de lágrimas y llanto profundo un tiempo lleno de deudas y dolor, cuando al fin, los ojos no necesitaron gafas porque podía entender y observar su nueva vida que es grandiosa, con los ojos del alma y la mente claras, se levantó, fue hasta la cocina, puso el agua a calentar, y al rato se encontraba tan feliz y oronda tumbada en su reposera del jardín, ordenador en mano para llamarme y reírnos juntas, y al lado, por supuesto, una gran taza de su té de manzanillas.

Viajar por fuera, mudar por dentro

Hace un tiempo me mudé de casa. No suele ser algo que me sorprenda, puesto que vengo mudándome de un lado a otro hace casi 10 años, y más de una vez por año. Ya he perdido la cuenta y ponerme a hacerla me daría algo. Son muchas.

La última mudanza de casa me sorprendió despidiendo el año con un pedazo de pan dulce en la mano y una cerveza sin alcohol en la otra. En una casa que parecía enorme por la falta de muebles, y un bebé que dormía plácidamente en la única habitación que sí los tenía. Eso es lo que pasa cuando tienes que dejar un piso que alquilaste todo amueblado por otro que no, y encima hacerlo a fin de año.

Pero yo no podía estar más feliz. Tenía un balcón perfecto desde donde mirar la luna que iluminaba tímidamente la silueta de la gran cordillera de los Andes. Miraba hacia allí mientras brindaba porque del otro lado estaban los míos, los de toda la vida, del otro lado estaba mi casa, la de toda la vida.

Y desde este lado, estaban también los míos, los que se mudan conmigo.

luna-decasa

Pensé entonces qué podría sacar de esta experiencia. ¿Existe algo así como asesora de mudanzas online? No lo he “googleado” pero suena bien tener una aplicación que te ayudara con esa agobiante, pero a la vez entretenida situación de mudar de casa. Y sí, porque realmente hay gente para todo. Hay quienes se apropian muy bien con su lugar en el mundo y no lo cambiarían por nada, y hay quienes su lugar en el mundo es el propio mundo, o mejor dicho, el mundo de aventuras que llevan dentro. Creo que, en el fondo, yo soy una combinación de ambas cosas.

Haber mudado tanto me ha enseñado a valorar lo esencial de lo superfluo. A no aferrarme a los objetos y a atesorar los sentimientos. A donar, a transferir, a intercambiar. A comprar menos y hacer más.

Mudar de casa puede servir como ejercicio para aprender a desprenderse y vivir con poco, o con lo justo. Vivir con lo justo significa realmente vivir con aquello que necesitas, ni más ni menos. Lo que te permite ir más liviana por la vida y dedicarte a hacer lo que de verdad te gusta, sin la presión de mantener a costa de deudas una vida llena de nada.

Haber mudado de ciudad en ciudad me ha enseñado la importancia de los lazos comunitarios. A disfrutar de tu barrio y la vecindad, y aprender a involucrarte en iniciativas locales que te permitan ser parte del cambio.

Mudar de país en país me ha ayudado a madurar. Aprender que las diferencias no nos distancian, por el contrario, nos enriquecen. Aceptar que las certezas personales son creencias asumidas, existen hasta que mueren o se abandonan y que la vida es más divertida si te dejas sorprender.

No importa si en verdad te mueves de un lado a otro, o te quedas donde estás. Lo importante es mudar, cambiar por dentro. Antes de viajar por el mundo había escrito en el diario de mi pre-adolescencia un deseo. “Cuando sea grande quiero…” y lo completé con 4 o 5 deseos. Uno de ellos era “viajar por el mundo y conocer culturas diversas”. Lo recuerdo de memoria. Ahora pienso: “Viajar por el mundo”.. Mmmm le voy a hacer check.

El mundo es demasiado grande para abarcar una vida. La vida es demasiado corta para pretender un mundo.

PD: Si quieres que sea tu asesora de mudanzas online, contáctame. A lo mejor resulta! ☺