Viajar por fuera, mudar por dentro

Hace un tiempo me mudé de casa. No suele ser algo que me sorprenda, puesto que vengo mudándome de un lado a otro hace casi 10 años, y más de una vez por año. Ya he perdido la cuenta y ponerme a hacerla me daría algo. Son muchas.

La última mudanza de casa me sorprendió despidiendo el año con un pedazo de pan dulce en la mano y una cerveza sin alcohol en la otra. En una casa que parecía enorme por la falta de muebles, y un bebé que dormía plácidamente en la única habitación que sí los tenía. Eso es lo que pasa cuando tienes que dejar un piso que alquilaste todo amueblado por otro que no, y encima hacerlo a fin de año.

Pero yo no podía estar más feliz. Tenía un balcón perfecto desde donde mirar la luna que iluminaba tímidamente la silueta de la gran cordillera de los Andes. Miraba hacia allí mientras brindaba porque del otro lado estaban los míos, los de toda la vida, del otro lado estaba mi casa, la de toda la vida.

Y desde este lado, estaban también los míos, los que se mudan conmigo.

luna-decasa

Pensé entonces qué podría sacar de esta experiencia. ¿Existe algo así como asesora de mudanzas online? No lo he “googleado” pero suena bien tener una aplicación que te ayudara con esa agobiante, pero a la vez entretenida situación de mudar de casa. Y sí, porque realmente hay gente para todo. Hay quienes se apropian muy bien con su lugar en el mundo y no lo cambiarían por nada, y hay quienes su lugar en el mundo es el propio mundo, o mejor dicho, el mundo de aventuras que llevan dentro. Creo que, en el fondo, yo soy una combinación de ambas cosas.

Haber mudado tanto me ha enseñado a valorar lo esencial de lo superfluo. A no aferrarme a los objetos y a atesorar los sentimientos. A donar, a transferir, a intercambiar. A comprar menos y hacer más.

Mudar de casa puede servir como ejercicio para aprender a desprenderse y vivir con poco, o con lo justo. Vivir con lo justo significa realmente vivir con aquello que necesitas, ni más ni menos. Lo que te permite ir más liviana por la vida y dedicarte a hacer lo que de verdad te gusta, sin la presión de mantener a costa de deudas una vida llena de nada.

Haber mudado de ciudad en ciudad me ha enseñado la importancia de los lazos comunitarios. A disfrutar de tu barrio y la vecindad, y aprender a involucrarte en iniciativas locales que te permitan ser parte del cambio.

Mudar de país en país me ha ayudado a madurar. Aprender que las diferencias no nos distancian, por el contrario, nos enriquecen. Aceptar que las certezas personales son creencias asumidas, existen hasta que mueren o se abandonan y que la vida es más divertida si te dejas sorprender.

No importa si en verdad te mueves de un lado a otro, o te quedas donde estás. Lo importante es mudar, cambiar por dentro. Antes de viajar por el mundo había escrito en el diario de mi pre-adolescencia un deseo. “Cuando sea grande quiero…” y lo completé con 4 o 5 deseos. Uno de ellos era “viajar por el mundo y conocer culturas diversas”. Lo recuerdo de memoria. Ahora pienso: “Viajar por el mundo”.. Mmmm le voy a hacer check.

El mundo es demasiado grande para abarcar una vida. La vida es demasiado corta para pretender un mundo.

PD: Si quieres que sea tu asesora de mudanzas online, contáctame. A lo mejor resulta! ☺

Publicado por

Cintia Oliva

Apasionada de la comunicación estratégica, los viajes, la tecnología 2.0 y la innovación ciudadana. Consultora Internacional. Me especializo en temas de cocreación abierta y metodologías participativas, desarrollo sostenible, políticas públicas y cooperación internacional. Dirijo Appsworking Lab, laboratorio de proyectos de innovación, comunicación y tecnologías para el desarrollo orientado a startups, ong, organizaciones, rse y gobierno. Periodista digital y emprendedora.

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